restauración conservación del patrimonio

Denuncian dañor en el famoso zócalo de Oaxaca, México

Quién: Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio
Dónde: Salamanca
Cuándo: 10/04/2005

El zócalo de Oaxaca en peligro

El pasado lunes 18 de abril, presenciamos un atentado en contra de nuestra memoria colectiva. Sin razón aparente, en uno de los estados más pobres de la república, en la peor sequía intelectual de los últimos tiempos, el gobierno inició la demolición del Zócalo de la ciudad de Oaxaca, ciudad patrimonio de la humanidad registrada por la UNESCO-.

Se desconoce la justificación para la realización de esta obra, la cual se asignó sin realizar ningún concurso previo, como ocurrió también con el diseño del proyecto.

Se están descuidando los bordes y límites de la ciudad histórica; en lugar de crear nuevos proyectos que generen polos alternos de desarrollo y disminuyan la tensión sobre el centro histórico. Y peor aún, los magníficos laureles de la plaza principal, algunos con más de cien años, que todos admiramos y disfrutamos, han empezado a colapsarse. Al retirarse imprudentemente la plancha de cantera y el pavimento perimetral del zócalo, se expusieron las raíces de estos árboles. El primer laurel cayó el lunes 18. Durante dos días los responsables argumentaban que las causas fueron naturales.

Los ciudadanos se organizaron para vigilar la integridad de cada árbol, demandando la suspensión de las obras y la presentación del proyecto. Por exigencia popular, el miércoles 20 se realizó una reunión abierta. Un público numeroso cuestionó a los autores del proyecto. ¿Cuál es la justificación? ¿Quiénes responden por los árboles? ¿Cuál es el presupuesto de las obras? ¿Cuál es el dictamen ambiental de las obras? ¿Por qué no se realizó un concurso?

La conclusión oficial es que las obras no se suspenderán por ningún motivo.

El Zócalo es uno de los rarísimos espacios urbanos en el país donde todos los habitantes y visitantes coexisten, sin importar origen, cultura, o nivel social. Ahora está en peligro de muerte y los servidores públicos no escuchan.

Por favor, ayúdanos a denunciar este hecho. Se trata de un síndrome inequívoco de la enfermedad social y política que padecemos.

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