La noticia, leida hace poco, no nos cogía por sorpresa, pues ya había sido anunciado el traslado algún tiempo atrás, a pesar de que todo el proceso previo se ha llevado con cierto sigilo, de igual manera que apenas se ha justificado la muestra. Es más, me da la impresión de que, a los castellanos en general y a los segovianos en particular, se nos ha pretendido vender una moto sin manillar.
Me explico; se nos ha hablado de una magna exposición en el marco incomparable del templo neoyorquino de Saint John the Divine, la catedral gótica más grande del Mundo, situada dentro de uno de los más importantes circuitos turísticos de la ciudad de los rascacielos.
Bien, al respecto, y al hilo de ciertas circunstancias singulares que rodean la exposición, me gustaría hacer algunas reflexiones.
Lo primero que me sorprende es la elección del espacio expositivo, la catedral Episcopaliana de la diócesis de Nueva York, en lugar de hacerlo, como viene siendo habitual, en un templo católico; la razón, bien que justificada como “una mano tendida al diálogo ecuménico”, no es otra que la negativa de los responsables de la catedral católica de San Patricio de prestar su sede para el acontecimiento. Sus razones tendrán, pero no se nos han explicado.
Ante tal negativa del obispado católico se buscó otro gran templo, la catedral protestante de San Juan el Divino, un pretencioso edificio entre neobizantino y neogótico, que dista mucho de estar concluido y que hace tan solo unos meses sufrió un violento incendio en el brazo del crucero, donde está actualmente instalado el Museo de la Fábrica y la tienda de venta de recuerdos.
La catedral en cuestión comenzó su construcción el día 28 de diciembre de 1892, según proyecto de Heins y La Farge, a quienes sucedería en 1910 Ralph Adams Cram. De 1916 es el “Open Air Pulpit”, realizado por Howels & Stokes, según diseño de Arthur Byne, precisamente el arquitecto que en 1925 llevó a cabo el desmontaje y traslado a Nueva York del claustro de Sacramenia. Luego intervendrían otros arquitectos, como Thomas Nash, Henry Vaughan y Carrére & Hastings. Actualmente está en marcha un proyecto de finalización redactado por Santiago Calatrava, que no ha despertado especial entusiasmo entre los neoyorquinos, aunque particularmente estimo enormemente interesante.
De todas formas lo más singular del templo es la enorme cúpula de 32 metros de diámetro, que cubre el crucero, realizada por el español Rafael Guastavino, en un alarde constructivo sin necesidad de usar cimbras ni otros soportes que los pilares torales.
Pero al margen de la relativa relevancia de algunos de los arquitectos, es ciertamente deprimente el estado de inconclusión del inmenso templo (de 183 metros de longitud frente a los 111 de las catedrales de Segovia o de Salamanca) y, sobre todo, su poco afortunada ubicación en el Harlem, una de las áreas más deterioradas de la isla de Manhattan, muy alejada de los centros culturales y turísticos; algo ciertamente muy distinto del envidiable emplazamiento de la catedral católica de San Patricio, aun cuando en la propaganda de la Fundación de las Edades se nos asegure que el templo de San Juan “hoy es un punto de referencia cultural y del arte sagrado contemporáneo”.
Finalmente queda por comentar la ubicación de la exposición dentro del templo, en la girola y las capillas radiales de San Bonifacio, Santa Columba, El Salvador, San Martín y San Ambrosio, un poco la trastienda del templo y en cualquier caso no el ámbito más espléndido del conjunto, como en ediciones anteriores se ha buscado. Siempre me he mostrado contrario a la idea de montar las exposiciones de las Edades del Hombre, u otras cualesquiera, en el interior de las catedrales; se desvirtúan los espacios templarios y al final de la visita resulta que ni se ha visto la exposición ni la catedral.
Así, a la vista de todo lo anterior, me pregunto perplejo por la necesidad de montar esta exposición, de cuyo éxito (algo que ya se nos adelanta), mucho dudo. Afortunadamente la entrada será gratuita, de modo que los segovianos que viajen a Nueva York podrán aprovechar para contemplar las cuatro piezas nuestras que allí van, sin necesidad de pagar como tienen que hacer aquí, en la catedral de su ciudad.
Y hablando de pagos, qué suerte tienen las chovas de la ciudad de Segovia que van a poder seguir anidando en la torre de la catedral (ver El Adelantado de Segovia, 31 de agosto 2002) y así visitar gratis el museo que se va a instalar en la misma. Una deferencia del cabildo, agradecido por la generosa contribución de la Administración a la restauración y acondicionamiento del templo con dinero de todos los españoles. Las pyrrhocorax pyrrhocorax están de enhorabuena; mis más sinceras felicitaciones (y que sigan poniéndolo todo perdido de excrementos).